La Nueva en la Escuela

Ubicada en los EEUU

De Carol Passmore

Malika Saiyeva, age 19 framed: ink and watercolor

Saskia Hanover, age 12

Sameva Mabena, age 15

Anzor Hashagulov, watercolor

Anzor Hashagulov, watercolor

“Así pues,” dijo Annette, ”decidimos tratarla bien.” “¿A quién?” pregunté, al darme cuenta de que soñaba.

“A la ‘pardita’ que va a empezar clases,” dijo Annette. “El director dice que no nos va a tocar ningún problema como los surgidos en Little Rock.” Lib rio: “Entonces más vale que no le digas ‘pardita.’” 

“Cierto,” dije. “Creo que deberíamos tratarla bien.” Yo no había contemplado realmente que nuestro colegio se diversificaba. Por otra parte, High Point Central High era un colegio grande. Era probable que, de todos modos, yo no la vería nunca.  

Me equivoqué en cuanto a eso. Se llamaba Lynn, y formaba parte de mi clase de álgebra del primer período, donde se sentaba calladita en la parte trasera del salón. Y de mi clase de inglés del segundo período, donde ocupaba, en forma calladita, un asiento de la primera fila. Y de la clase de historia del cuarto período, donde se me sentaba justo al lado.

No oí mucho de lo que decía la profesora, porque de alguna manera se me ocurrió la idea de mostrarle a Lynn donde quedaba la cafetería. Me pregunté si este gesto podría ser considerado como una muestra de “amabilidad excesiva,” pero me acordé por igual de aquel primer almuerzo que yo había consumido a solas el año anterior. Así que, al sonar el timbre, de manera educada me ofrecí a darle a Lynn un tour guiado del comedor.    

Para cuando nos tocó ir para los lockers—el suyo quedaba cerquito al mío—y después a la cafetería, había una fila larga. Al incorporarnos nosotras, todos se callaron. Una vez recibidos nuestro pastel de carne y el puré grumoso de papas, pude ver que las mesas se llenaban. No vi ningún lugar con Lib y los otros disponible. Luego divisé una mesa medio vacía con unos muchachos que no conocía, y nos sentamos allí.    

Súbitamente los desconocidos se incorporaron y todos se fueron. En aquella cafetería amontonada de gente, a Lynn y yo nos sobraban en la mesa ocho sillas. Obviamente no nos iba a acompañar nadie más. 

Nos quedamos sentaditas ahí, como dos muchachas en una isla desierta en medio de aquella cafetería abarrotada. Miré a Lynn fijamente, y ella me miró igual. Tenía ondulado su pelo corto y negro, y tenía la tez de un café cobrizo. Por mi parte, el pelo café y ondulado lo llevaba corto y, con el bronceado de verano, la piel se me quedaba casi tan oscura como la suya. Supuse que casi pasábamos por hermanas.

Lynn palpó el pastel de carne de aspecto repugnante desganadamente. “No tienes que comer conmigo,” dijo. “Puedes comer con tus amigos.”

Yo removía las arvejas para agregarlas al puré de papas mientras daba vueltas a su proposición. “Si no quieren venir a comer con nosotras, balbuceé, no estoy segura de que sean amigas mías.”

Así que ahí me quedé, y durante todo el curso tercero y cuarto, Lynn y yo almorzábamos juntas. En aquellos años había muchas cosas buenas y muchas otras que no lo fueran. 

Lynn y yo nunca teníamos que esforzarnos para encontrar una mesa libre en la cafetería. Teníamos nuestra propia mesa justo en medio. Lo malo era que nadie jamás halló en sí el valor de acompañarnos. 

Bueno era también que se portaran mis amigos y muchos de los otros chicos de manera educada con Lynn. Malo era que se portaran educadamente también conmigo. Un día al encontrarme con Lib en el baño me lo explicó: “Cuando te dijimos que fueras amable, no queríamos decir que lo tomaras tan a pecho.”  

Algunos chicos nos lanzaban insultos y de cuando en cuando nos tiraban cosas, pero nada muy  grave. Pero en el colegio no había nadie que no supiera quiénes éramos. Y tras unas semanas en las que hablábamos de lo que pasaba en nuestra clase de tal y tal día, Lynn y yo nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común. Además de cursar casi todas las mismas materias, compartíamos también los mismos intereses. Si el destino no nos hubiera reunido, es probable que nos habríamos conocido de todos modos, y nos habríamos hecho buenas amigas.  

Lo mejorcito de aquellos dos años es que conocí a alguna gente que trabajaba para el American Friends Service Committee (el Comité de Servicio de Amigos [Cuáqueros]). A Lynn y a mí nos familiarizaron con el movimiento de no-violencia y nos ayudaron a portarnos con amabilidad con las personas que nos insultaban. También nos presentaron a otros de Carolina del Norte que no opinaban que el color de la piel debiera precisar el centro educativo que uno asistiera o el trabajo que a uno le tocara realizar. Nos divertimos con aquella gente también, lo que nos compensó por el hecho de que no nos involucramos en muchas actividades extracurriculares del colegio.   

A veces pienso en aquellos días y saco mis viejos anuarios colegiales. En el anuario del segundo curso cuando trabajaba tanto para hacerme popular, muchos chico me pusieron un dedicatorio que celebraba “lo amable” que yo era. En mi tercer año sólo unos pocos me escribieron algo en el anuario, y sólo reconocieron cuánto disfrutaron estando en la clase de inglés o álgebra conmigo, pero no dijeron nada personal. 

El anuario de mi cuarto curso era distinto. A todos los chicos populares que yo deseaba contar entre mis amigos les anhelaba brindarme un dedicatorio. Advirtieron en sus dedicatorios cuánto admiraban a quién actuara de acuerdo con su conciencia. No dijeron que se hubieran cambiado de idea respeto de las relaciones raciales, y no me quedo convencida de que su admiración me compensara por lo que sentía de aislada y excluida, pero quedé contenta de que estuvieran dispuestos a firmar.

Pero el mejor dedicatorio me llegó de parte de Lynn quien llenó una hoja entera. Ella describió el miedo que tenía el primer día de clases y cómo quedó de contenta cuando yo le dirigí la palabra. Me quedé sorprendida porque ella jamás se veía con miedo. Pero así como así, de su mejor amiga de una, no se puede saber todo. 

Preguntas para la discusión

  • ¿Por qué ofreció Carol darle a Lynn un tour del comedor?
  • ¿Cómo crees que sintiera Carol cuando los otros compañeros de clase se levantaron y dejaron la mesa del comedor? ¿Cómo crees que sintiera Lynn? ¿Cómo te sentirías tú si eso te pasara?
  • ¿Por qué siguió comiendo Carol con Lynn? ¿Qué acabó perdiendo a cambio de hacerlo? ¿Es siempre lo más fácil lo correcto?  
  • ¿Qué le hace distinta a la gente? ¿Cómo te sientes cuando vas acompañado/a de una persona considerada de un grupo distinto de él de la mayoría? ¿Cómo se decide a quién recibir como miembro del grupo y a quién no?  
  • ¿Te has sentido marginado/a alguna vez? ¿Cómo lo sentiste? ¿Has recibido alguna vez a alguien que, de otro modo, habría quedado marginado? 
  • El PREÁMBULO de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (las Naciones Unidas): En tanto que el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.
    Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (las Naciones Unidas): Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
    Reflejando en las citas anteriores