Amargo al Principio, Dulce Luego

Ubicado en Chechenia

De Asya Vasaeva

Malika Saiyeva, ink and tempura

Alhazur Karimov, color pencil and pastel

Sultan Kuramov, watercolor

Rita Friashnova, tempura

Kira Lalina, tempura

Asya Umarova, ink

Los niños chechenos tenían todo el tiempo frío y hambre. Muchas casas habían sido dañadas por la guerra y no se podían calentar de manera adecuada. Las familias que tenían cuatro habitaciones antes, se encontraban apretujadas en una. Nunca había comida suficiente. Luego, aconteció un milagro. Seda, Luisa y otra docena de niñas fueron elegidas para participar en un viaje a un campamento (casa de retiro) llamado Blue Wave. No lo podían casi creer.

El área era hermosa. Era seguro darse una larga vuelta sin tener que estar pendiente todo el tiempo en caso de que surgiera algún problema. Había mucho que comer en cada comida, y hasta podían repetirse las porciones. La habitación donde dormían no era de las mejores. Estaba desgastada, húmeda y algo fría de noche, pero era amplia. Cada muchacha tenía cama propia rodeada de un espacio donde podía guardar sus cosas. Había en la pared un agujero grande donde tenía que ir metida una almohada para frenar las ráfagas de aire y la bulla de la habitación de al lado, pero comparada con las casas, no dejaba de ser casi un paraíso.

La administración de la Región de Krasnodarsk sufragó esta bendición, este gratuito viaje vacacional, mediante el Fondo de Niños Chechenos. 

Luego, se trastocó la cosa. Luisa y Seda estaban solas en la habitación cuando se abrió la puerta de golpe y varias muchachas rusas se introdujeron atropelladamente.

¿Qué pasó? preguntó Seda.

“Ha sido allanada nuestra habitación, y faltan cosas,” dijo otra de las intrusas.

“No lo hicimos,” respondió Luisa.

“Mentira. Una de nuestras muchachas divisó a una de las suyas salir de nuestra habitación. ¡Sabemos que fueron ustedes las ladronas!”

Las acusadoras no estaban dispuestas a escuchar nada de lo decía Seda o Luisa. La Casa Cinco llegó a dividirse entre chechenas y rusas.

Las adversarias estaban bien emparejadas. Ninguna perdía ocasión de ‘jorobar’ a la otra. Cuandoquiera insultaban las muchachas rusas a las chechenas, éstas les ponían a aquéllas apelativos feos. Sucedía en todas partes—en el baño, en la sala del comedor y en la de los juegos. Incluso se extendía hasta afectar la misma residencia. Toda la noche, se lanzaba con frecuencia la almohada de un lado de la pared al otro, abriendo un conducto para que corriera aire frío y fuesen transmitidos sentimientos aún más fríos.

 Por fin, se quejaron las muchachas chechenas con sus maestras. Las maestras organizaron una búsqueda exhaustiva. Las pertenencias de las chechenas fueron encontradas sólo en su propia residencia. Las maestras convocaron una asamblea general y les hablaron con franqueza a las rusas: “¿Cómo se les ocurrió intentar hacer quedar mal a otras que viven en la misma casa? Son inocentes, y ya han sufrido bastante. La guerra les destruyó las casas. No podían asistir a la escuela. Fueron muertos algunos de sus padres y madres. A algunas hasta se les han perdido los dos. Y sin embargo, ustedes las han insultado de manera cruel. Deben tener corazón de piedra.”

Después de eso, estalló la paz. Se dio fin a los insultos y los vituperios. Las muchachas empezaron a hablarse en la sala del comedor. Luego, empezaron a colaborar en los juegos y caminar juntas. Un día le preguntó Seda a Vika, una de las muchachas que había acusado de robo a las chechenas, “¿Por qué diantres empezaron toda esa bronca?”

Explicó Vika: “Ira, uno de los muchachos mayores, nos contó que todos los chechenos son mendigos. Dijo que ustedes se llevarían todo lo que pudieran y creerían problemas si se les diera la oportunidad, que había que sacarlas de la Casa Cinco. Ahora sabemos que eso era falso. Queremos reparar lo que hicimos.”

Les invitaron a mudarse a Seda, Luisa y las otras muchachas a su dormitorio, el cual estaba mejor aclimatada y confortable. Hicieron todo lo que pudieran para hacerles sentirse en casa a las chechenas. Pronto acabaron cautivadas por las historias de guerra y de cómo se vivía en aquella tierra devastada.

Luego, tuvo que irse Vika. No le alcanzó el tiempo para despedirse de todas. Las muchachas la echaban mucho de menos por su vivacidad. No era posible que nadie se aburriera estando ella presente. Cuando ya se había ido, Vika encontró escondida debajo de su almohada una nota escrita a mano: “Seda, te quiero mucho, mucho, mucho. No te olvides de tus amigas. No dejes de escribir.”

El resto del tiempo en Blue Wave se pasó rápido. Hasta lloraron las que custodiaban la casa al llegar la hora de irse las otras muchachas. Ninguna de ellas se olvidaría de sus experiencias ni de sus nuevas amigas.